Aros Cebollín Morado
Plata 950 · Lapislázuli · Colección Flora Nativa
“La joya de Chile”
El lapislázuli, de un azul profundo, fue desde la antigüedad símbolo de poder, sabiduría y divinidad. En la alta cordillera de Tulahuén, a 3.600 metros de altura, se encuentra la única mina activa de Chile y del mundo occidental.
Cada pieza de Cordillera Azul es una obra de arte hecha a mano por mujeres orfebres, forjada con lapislázuli chileno y plata 950 en el mismo lugar donde nace la piedra. Sus diseños se inspiran en petroglifos ancestrales y la flora nativa de Chile.
Desde los albores de la humanidad, el azul profundo del lapislázuli ha sido símbolo de poder, sabiduría y divinidad. En las antiguas ciudades de Mesopotamia y Egipto era más valioso que el oro: con él se coronaron faraones, se sellaron pactos eternos y se adornaron los ojos de los dioses en templos sagrados.
“Quien porta lapislázuli lleva consigo el cielo y la tierra, entrelazados en una sola piedra.”
Pero lo que pocos saben es que uno de los rincones más puros donde esta gema duerme no está en las arenas del Nilo ni en los montes de Asia Central, sino en el corazón de Chile: en la alta cordillera de Tulahuén, Valle del Limarí, Región de Coquimbo, donde el viento silente acaricia las rocas y el río Tascadero canta antiguas verdades.
Allí, a 3.600 metros de altura, emerge la única mina activa de lapislázuli del mundo occidental. En esa montaña azul, mística y secreta, nace Cordillera Azul.
Más que una piedra, el lapislázuli ha sido considerado un canal energético, una gema cargada de sabiduría ancestral. La tradición le atribuye, entre otros, estos significados:
Asociado al chakra de la garganta, la tradición lo vincula con hablar desde la verdad y expresarse con claridad.
Considerada una piedra de paz, se le atribuye armonizar pensamientos y emociones, alejando el estrés.
Desde antiguo se le ha relacionado con aliviar tensiones, cuidar la garganta y favorecer un sueño más reparador.
A lo largo de la historia se le ha considerado un escudo espiritual frente a la energía negativa.
Se le atribuye empoderar a quien la porta, ayudando a liberar miedos y a tomar decisiones claras.
Detrás de cada joya de Cordillera Azul hay un taller pequeño en la alta cordillera de Tulahuén, donde la plata y el lapislázuli se trabajan a mano, una pieza a la vez.
El taller lo sostienen cuatro mujeres. Rita Álvarez, maestra orfebre, dio origen al oficio y hoy lo comparte día a día junto a Pamela Carvajal.
Sus dos hijas, Tatiana y Viviana Iriarte, crecieron entre sopletes y limas: aprendieron mirando trabajar a su madre y hoy continúan la tradición. Lo que empezó en las manos de Rita sigue vivo en las de sus hijas — una herencia que no se traspasa en papeles, sino en el oficio.
Cada joya nace del trabajo paciente de las orfebres del taller, pieza por pieza.
La plata 950 se funde al soplete, lista para tomar forma.
Se lamina hasta lograr el grosor justo de cada pieza.
El lapislázuli se corta a mano, ajustando cada fragmento al diseño.
Pétalos y hojas se unen, soldadura a soldadura.
La piedra se pule hasta revelar su azul más profundo.
El brillo final, antes de que la joya salga del taller.
Tulahuén · 3.600 m
Hecho a mano, en la montaña donde nace la piedra.
Una muestra de nuestra colección. El catálogo completo reúne aros, collares, anillos y más.
Plata 950 · Lapislázuli · Colección Flora Nativa
Plata 950 · Lapislázuli · Colección Flora Nativa
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